Crítica de ‘As bestas’ o cómo paladear el compromiso social de Rodrigo Sorogoyen

Crítica de As Bestas

Un thriller rural ambientado en la piel de toro invitaba a desplegar los tópicos que analizó Sergio del Molino en su best seller La España vacía, radiografía sobre la romantizada utilización de lugares comunes agrestes en la construcción de la nación española en el siglo XIX. Rodrigo Sorogoyen ha vuelto a apostar por usar un lugar común del ‘telediario’ (anteayer el 15M, ayer la corrupción política y hoy la España olvidada), para ofrecer un relato repleto de matices en el que trata espectador como adulto con el ánimo de invitarlo a la reflexión. As bestas está nominada a los premios Forqué y en esta crítica te contamos por qué no puedes perdértela.

As bestas podría haberse recreado en cómo la lían ciertos «paletos» en lo que en Euskadi se llama «Pueblo chico, infierno grande» («Herri txiki, infernu handi»). Pero este film, aunque no lo parezca a priori, huye de Puerto Hurraco y Fago para responderse una pregunta sobre una historia real: qué llevó a dos salvajes gallegos a matar a un educado y condescendiente francés.

Nadie es perfecto

Algunos dirán que a Sorogoyen le falta definir su identidad, pero lo cierto es que, por norma general, su cine resulta un estimulante refresco compuesto por masculinidades tóxicas, trasfondos relacionados con la actualidad y escenas de acción muy bien resueltas.

El madrileño, que no debió haberse detenido en extender el desasosegante cortometraje Madre, ha ofrecido miradas insólitas sobre la manida relación de pareja (Stockholm), los ecos del 15M (Que Dios nos perdone), la cleptocracia del PP mediterráneo (El reino) o la brutalidad policial (Antidisturbios).

En As bestas, igual que en las anteriores, no trata como un imbécil al espectador. Y ello le está generando un espacio que le sitúa un lugar central de una industria que parecía temerosa por la jubilación de grandes tótems como Pedro Almodóvar.

Sobando lo rural

Solo hay una cuestión que enfade más a la España vaciada que del abandono al que le llevan sometiendo desde hace décadas los «muy españoles y mucho españoles» que viven dentro de la M30: la utilización a la que está siendo sometida por parte de pícaros escritores que se subieron a la fiebre editorial, la telebasura, los políticos centralistas o ciertos medios progres al calor de los anunciantes.

Lo rural, en parte, está siendo sobado por la nostalgia que despierta entre los adultos y la fascinación que generan en la mal llamada generación de cristal los exóticos lugares en los que nacieron sus abuelos, que se comunicaban sin WhatsApp, ligaban sin Badoo, hablaban en vez de jugar al ‘espejito, espejito’ de las redes sociales y, pese a ello, no tienen por qué ser mejores que sus nietos.

Sorogoyen huye de paternalismos y vuelve a ofrecer matices a través de la soberbia interpretación del crudo Luis Zahera. As bestas, emparentada estéticamente con O que arde, no oculta la superioridad moral de los «gabachos» ni los lícitos sueños de los pueblerinos supuestamente perturbados (todo el mundo tiene razones, aunque nos resulte más fácil lanzar etiquetas letales).

El film también invita a la reflexión sobre la paradójica postura de algunos de los supuestos defensores de los pueblos, que a primeras de cambio hipotecan la naturaleza común para plantar molinos de viento a cambio de limosna foránea.

Equilibrio entre entrentenimiento, arte y crítica

As bestas, en definitiva, aporta saludable moralina, ofreciendo un compromiso social que en el Estado español nunca ha sido equilibrado a excepción de algunas películas vascas de Imanol Uribe, único cineasta que en algunas ocasiones ha hecho films políticos sin caer en el pasquín o el tedio, no se sabe qué es más peligroso.

La película es uno de los ejemplos del fértil 2022 en el cine español y supone la certificación de que Sorogoyen se significa en una época en la que todos quieren gustar a todo el mundo. Aunque sea a costa de anularse.

Su valentía, claro está, no le sale gratis. Por eso Movistar Plus+ le «premió» por haberle proveído una de las escasas series que le han funcionado, Antidisturbios, con un rechazo al proyecto que le habían encargado sobre la Guerra Civil española.

«En Movistar han decidido que no se hable de la Guerra Civil. ¿Que qué ha pasado…? Pues que Movistar la ha cancelado. ¿Por motivos políticos? Suponemos que sí. La Guerra Civil es el tema más delicado, lamentablemente, en este país. Pensamos, optimistas, que las cosas habían cambiado, pero los que mandan han decidido que no se hable de la Guerra Civil«, denunció tras haber rodado el magnífico primer capítulo de otra serie de la compañía, Apagón.

Está por ver si Sorogoyen podrá rodar la Guerra. Lo que es altamente probable es que aportaría, una vez más, acertados equilibrios entre el entretenimiento y el arte, entre la deseable evasión y la imprescindible mirada crítica que tiene que aportar todo lo que quiera llamarse cultura, tal y como hace con As bestas.

Crítica rápida de As bestas: ¿por qué ver la película?

  • El soberbio guion del tándem Sorogoyen-Peña.
  • Una gran interpretación de Luis Zahera.
  • ¿Lo malo? Le sobran 15 minutos.

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