Crítica de ‘Hokum: la maldición de la bruja’, el regreso del terror irlandés

Los aficionados al cine de terror estamos de enhorabuena. Este mes de mayo ha llegado a las salas Hokum, una de las propuestas de miedo más esperadas del año y que viene de la mano de Damian McCarthy, director de la aclamada Oddity (2024). Os contamos todo lo mejor y lo «no tanto» en nuestra crítica de Hokum: la maldición de la bruja.

El folk horror toma el control

La acción nos transporta a un remoto rincón de Irlanda; en concreto, al viejo y lúgubre hotel Bilberry Woods. Allí, el protagonista, Ohm Bauman (Adam Scott, Separación) —un escritor en crisis que huye de recuerdos que le torturan y busca inspiración para una nueva novela— será atormentado por una presencia maligna relacionada con una antigua leyenda local.

Con esta premisa, el director McCarthy vuelve a trasladarnos a su tierra natal para reivindicar los mitos de la zona y sumergir al espectador en una atmósfera asfixiante. En lugar de la calma y paz que ansiaba, Bauman acentuará sus miedos interiores al ser acechado por el ente ancestral atrapado en el establecimiento y por un personal del hotel un tanto siniestro.

El filme, que apuesta por una fotografía oscura de principio a fin, presenta varios frentes distintos donde la trama podría haber lucido mucho más. El relato se sostiene en numerosos jump scares —muchos de ellos previsibles— y deja en el aire algunos conflictos que no se cierran satisfactoriamente.

A pesar de ello, la dirección es sublime; el cineasta irlandés logra tocar la sensibilidad del espectador en cada escena. Las interacciones del protagonista con el entorno o con los personajes secundarios son una invitación a contener el aliento ante la inminencia del susto. Esta atmósfera de intranquilidad constante resulta de lo más adictiva y convierte la cinta en una experiencia auténticamente desafiante y muy disfrutable para los amantes del género.

Enfrentarse al miedo como terapia

Aunque el filme juega la baza de los sobresaltos —donde sin duda encontrará a su legión de admiradores—, no podemos obviar que su trasfondo es honorable: la redención de una persona ante sus conflictos personales. De este modo, el escritor asumirá que plantar cara al miedo es la única vía para superarlo.

En este caso, Bauman arrastra una depresión y traumas de la infancia que lo atormentan, convirtiéndolo en un ser áspero e irascible con el resto de los ocupantes del hotel. A medida que la interacción con los elementos sobrenaturales le afecta y lo obliga a actuar —enfrentándose a ellos y a sus propios demonios interiores—, y el horror y la exposición a un estrés tremendo transformarán al protagonista en una figura completamente distinta al final de la cinta.

En conclusión, Hokum es una película muy disfrutable. Si bien, como hemos dicho anteriormente, podría haber dado más de sí y deja alguna cuestión importante sin explorar (como el origen del monstruo), no deja de ser una apuesta entretenida y recomendable. Ofrece una buena historia, misterio, sustos por doquier, una atmósfera asfixiante y tensión de principio a fin.

Crítica rápida de Hokum, ¿por qué ver la película?

  • Disfrutarás de una película de miedo con muchos sobresaltos.
  • Verás cómo se puede afrontar la depresión y los traumas personales al enfrentarse a ellos.
  • Apasionarse con las leyendas de terror y los mitos ancestrales.

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