Crítica de ‘La chica salvaje’, una historia entre marismas y misterios

Si el verano nos dejaba con estrenos como el de la tercera parte de After: Amor infinito, hoy traemos la crítica de La chica salvaje, uno de los primeros estrenos de este otoño que llega a salas el 30 de septiembre. La última película está dirigida por Olivia Newman y producida por Reese Witherspoon. Además, está basada en el libro de mismo nombre, Where the Crawdads Sing (Delia Owens).

Protagonizada por excepcional Daisy Edgar-Jones, La chica salvaje narra la historia de Kya Clark, una niña conocida por el pueblo como “la chica salvaje” o “la chica del pantano”. La historia transcurre durante los años 50 en Barkley Cove, en Carolina del Norte, Estados Unidos. Allí es abandonada por toda su familia, obligándola a vivir en las marismas sola. Su vida da un vuelco cuando aparece un chico muerto y el pueblo decide culparla del suceso. 

Un gran reparto

Edgar-Jones se pone en la piel de esta joven cuya vida no ha sido nada fácil. Conocemos a la actriz por Normal People (Lenny Abrahamson y Hettie Macdonald, 2020), la mini serie que cambió su vida, también basada en un libro. Este es su primer papel protagonista en el cine, y no defrauda. La imagen de chica que no encaja con la que ya nos enamoró en la serie irlandesa la recoge aquí para llevarla al siguiente nivel. 

Junto a Daisy nos encontramos con un muy buen reparto: David Strathairn en la piel del abogado retirado que se ofrece o representar a la joven Kya; Harris Dickinson, cuyo personaje, Chase Andrews, es encontrado muerto en la marismas; Taylor John Smith haciendo de Tate Walker, el joven que ayudará a Kya a leer y escribir y que acabara convirtiéndose en algo más que un amigo; Jumpin’ y Mabel, interpretados por Sterling Macer Jr. y Michael Hyatt respectivamente, son los amables dependientes de la tienda que ayudaran a Kya y la tratarán como a una hija; Garrel Dillahunt, que hace de padre ausente y abusivo.

La localización como un personaje más

Estamos acostumbrados a los thrillers sureños que suceden en pequeñas comunidades llenas de tópicos. Esta película no se libra de ellos, pero no cansan. Un pueblo pequeño donde todos se conocen, una chica diferente a los demás, una familia desestructurada… Son todos elementos que hemos visto una y otra vez en la pantalla pero de los cuales no nos cansamos. Así como también el tema de los juicios injustos y mediáticos donde nos ponemos a favor del acusado sabiendo que es inocente y que todos los demás mienten. 

Los momentos de angustia llegan en las escenas del juicio porque el espectador tiene que ver cómo están acusando a una joven de un crimen que, supuestamente, no ha cometido. Nos ponemos en la piel de la chica y sentimos angustia por el qué pasará. También nos sentimos así, impotentes, con las escenas de abuso y violencia cuyas víctimas son casi al 100% mujeres. 

Crítica de La chica salvaje.

La película, a pesar de durar un poco más de dos horas, no se hace larga. La forma en la que está estructurada, yendo del pasado al presente, hace que La chica salvaje tenga ritmo y no se quede estancada. Es como la marisma en sí, fluyendo a través de distintos momentos y situaciones de la vida de la joven Kya. Es por ello que la localización, la marisma, acaba convirtiéndose no en un personaje más, sino el más importante y protagonista. Todo acaba girando en torno a lo que sucede ahí, y todo queda recogido en este lugar. Es este el lugar donde Kya vive, donde se enamora, pero también donde la abandonan y donde encuentran el cuerpo sin vida de Chase Andrews. Por esta razón la relación de Kya con el lugar donde vive es tan fuerte: no conoce nada más allá de este pantano.

Crítica rápida de ‘La chica salvaje’. ¿Por qué ver la película?

  • Una explendida interpretación de Daisy Edgar-Jones.
  • El argumento no lineal para no construir una película lenta.
  • La buena utilización del medio y lo salvaje como un personaje más.

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